La historia del café

The fresher, the better

Hay varias leyendas sobre el descubrimiento del café. La más reconocida a lo largo del mundo dice que cerca del año 600 D.C., en las montañas de Etiopía, un pastor vio a sus cabras brincando después de comer unas bayas. Él las probó también y se sintió enérgico.

Los monjes de un monasterio cercano creyeron que los granos les ayudarían a mantenerse despiertos durante toda la noche para las vigilias de oración, y la fama del café empezó a extenderse. Los comerciantes árabes llevaron el café a la Península Árabe, donde hervían los granos en agua para obtener una bebida conocida como «qahwa»: el origen de la palabra "café" en muchos idiomas.

La historia más reciente sobre el café es más realidad que ficción. Como el café fue originalmente una bebida musulmana, tuvo que luchar a contracorriente para ser aceptado en Europa, hasta que el Papa Clemente VIII lo "bautizó" en 1600. La primera tienda de café en Europa abrió sus puertas en Venecia, no en Viena, en 1645. Viena no apareció en la escena de tiendas de café hasta 1683, cuando usaron bolsas de granos abandonadas por los turcos vencidos en la Batalla de Viena.

El 90% del café del mundo viene de una planta que un oficial naval francés robó en 1723 a los daneses, quienes fueron los primeros en cosechar el café comercialmente, en Sri Lanka y Java. Irónicamente, los daneses sacaron de contrabando su primera planta de café del puerto de Mocha en Yemen, en el año 1690.

Estados Unidos ha sido una nación de bebedores de café desde la fiesta del té de Boston en 1773, cuando el té fue arrojado por la borda en protesta por los altos impuestos de los británicos sobre la colonia norteamericana. Tomar café, y no té, se convirtió en algo patriótico.

En los días en que escaseaba el café (después de la II Guerra Mundial), la expresión "muriendo por un café" tomó un sentido literal en Europa, cuando varias personas murieron en los tiroteos entre contrabandistas de café y la policía de aduanas a lo largo de la frontera entre Alemania y Bélgica.

Actualmente, el café no escasea como entonces. De hecho, mueve la rueda del comercio mundial como el segundo producto legal comerciable más valioso en el planeta: casi 9 mil millones de dólares al año.